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Viajando con Anubis (relato. 1º parte)

Viajando con Anubis

Por Consuelo Raya

Introducción

Somos inmortales, la muerte no existe, parece que esto es lo que el autor de este relato nos quiere transmitir.
Encontré esta historia entre las pertenencias de mi abuela Maria, ella murió con 89 años de una forma tranquila, tal vez leyó esta historia.
Os la traigo aquí con la ilusión de que su lectura os pueda ayudar de la manera que me ayudo a mí.
Agradezco a Escuela de Misterios sus enseñanzas, y a Esther Zabala la revisión del borrador.

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CAPITULO 1

1
Preparativos
Me he muerto, ¡al fin! No ha sido fácil llegar hasta aquí y ahora me encuentro repasando como han sido los últimos días.
Mi cuerpo estaba molesto y aunque presentía que estaba al final del viaje, por momentos me resistía a la idea de abandonar la vida. Me ponía triste pensar en los proyectos a medio terminar, pero, especialmente, darme cuenta de que no había conquistado la permanencia continua de mi consciencia en la vibración del alma.
Desde el momento que internamente experimente que el final estaba ya cerca y era una realidad…me apresure a cerrar los asuntos pendientes con las personas con las que todavía podía tener una oportunidad. Y quedarme en paz y dejarlas en paz, en la medida de lo que fuera posible.

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Asimismo atendí los asuntos materiales, redactando un testamento, donde indicaba quienes se tenían que hacer cargo del funeral. De este modo, deje todos estos temas resueltos. Habiendo decidido, también, sobre mis escasas pertenencias; especialmente mis libros y mi música: mi más preciado tesoro. No fue fácil deshacerme de estos, pensé que tenía amigos y conocidos para los que también podían ser valiosos. Pero me encontré con la sorpresa que recibirlos era una carga para ellos. Tuve la sensación de que heredar las pertenencias de un muerto no era de su agrado, No por la muerta,- ya que me apreciaban-, sino por la inquietud que les producía. Finalmente, fueron a parar a manos de un hombre que andaba buscando en los contenedores de basura. Él no tenía nada, por lo que aquello lo podía vender para conseguir algún dinero. No pudo llevárselo todo, de una vez, y acordamos que volvería al día siguiente para recoger lo que faltaba. Temí que no regresara.

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Agradecí tener tiempo para preparar ¨la partida¨. Fue como hacer las maletas para un viaje, de naturaleza emocional. Y mentalmente sucedió como siempre acontecían esos momentos en mi vida: mientras preparaba el equipaje surgían muchos pensamientos y el último tramo de esa labor la vivía siempre sometida a la presión de que el tren partía en media hora y aun me quedaba mucho por hacer…
Despedirme de Mateo fue el hecho más importante que acometí: previamente le pedí permiso a sus padres para hacerlo. Les explique mi intención y lo que le diría. Su madre me ayudo dándome ideas, pero ninguno de los tres sospechábamos las preguntas que haría.

Continúa…

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