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Viajando con Anubis (3º parte)

CAPITULO 2

El Viaje

 

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Los dos últimos días anteriores a mi partida, perdí toda mi fuerza física. Todo lo externo carecía de interés para mí. Permanecí ausente, -como dormida-, agradecía el silencio y la tenue luz de la habitación. Finalmente, la conciencia dejo el cuerpo: estaba contenta y serena. Me encontraba en un bello lugar y una fuerza me atraía hacia ella elegantemente.

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Ya sin cuerpo, comencé a tener hambre y ganas de fumar. Cuando vivía en la forma, carecer de tabaco me ponía ansiosa y de mal humor. Ahora me sentía inquieta al ser consciente de que no tenía cuerpo; entendiendo, también, porque en las culturas antiguas se depositaban en las tumbas de los difuntos tanto alimentos como sus pertenencias más queridas. Sin cuerpo, no te puedes beneficiar de esta, pero en este mundo puede parecer que sí.
Me di cuenta que, en la muerte, tendría que hacer el trabajo que no hice con vida: abandonar el tabaco. Así que ante mí, apareció un ser voluminoso de color amarronado y negro, con ojos rojos y babeando una sustancia gelatinosa. Su cuerpo era grande, inmenso y escamoso, sostenido por unas garras, en una cantidad indefinida de patas y brazos. Su rostro malvado parecía querer devorarme.

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Lo que había comenzado siendo un amable viaje quedó interrumpido, pues aquel ser monstruoso me tenía paralizada. Aunque detrás de él adivinaba un lugar luminoso, de colores cálidos, para llegar allí debía vencer a aquel amenazante ser que, poderoso, se erguía ante mí.
Intente ignorarlo y continuar. Pero si lo hacía: se incrementaba su volumen y se aproximaba más. No podía hablar, pero me daba cuenta de que los pensamientos tenían fuerza, actuaban como la palabra y el sonido. Sucedía que el corazón pensaba y la mente sentía.

 

Continúa

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