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Viajando con Anubis (2º parte)

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Lo trajeron al centro donde estaba ingresada desde hacía tres días, tenía preparadas las ´chuchees´ que sabía que le gustaban, pues eran sus preferidas: gominolas de fresa acida y unas piruletas.
Mateo tiene 6 años, nos veíamos a menudo tanto con él como con sus padres: unos buenos amigos con los que he compartido vacaciones, fines de semana, comidas, cenas que acababan con largas conversaciones. Teníamos tanta confianza que, cuando mis amigos querían estar solos, me pedían que cuidara de Mateo y me lo traían a casa. El ha constituido una de mis relaciones más importantes.
Una vez en el hospital, tras haber pasado un rato de hablar sobre él y sus asuntos, le explique que me iba de viaje y que estaría fuera mucho tiempo. Reaccionó rápido y preguntándome, primero, si estaba enferma. Y después, a donde iba y si iba sola. Se puso triste al escuchar mi respuesta. Y yo también. En aquel momento mire a sus padres y vi la emoción contenida en sus semblantes.
Su madre ayudo a que aquella situación fuera más fácil, indicándole que, al país donde iba algunas personas perdían la memoria y para ayudar a que eso no me ocurriera a mí, podía hacerme un dibujo: de este modo, cuando lo mirara me acordaría de ellos y recuperaría la memoria.
Al día siguiente Irene- su madre-, me trajo este dibujo.

mateo

Me hizo reír, alegrarme y emocionarme profundamente. ¡Era maravilloso como Mateo había entendido el asunto y lo reflejó en su dibujo! En ese instante, logré conectarme, plenamente, con la sensación de un alegre corazón

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Agradecí reencontrarme con este estado mediante la contemplación de este dibujo, pues en esta etapa era habitual sentirme angustiada, costándome mantener estas emociones bajo control. Mentalmente estaba tranquila que no serena.
En el momento vital en que me hallaba estaba dispuesta a hacer todo lo necesario para sentirme en paz. Sin embargo, si rememoraba mi historia de vida, aparecían todos aquellos momentos en lo que, de una manera u otra, había hecho daño: unas veces, pensando, otras diciendo, otras sintiendo y, en otras, no haciendo o haciendo. Y aunque me dolía adentrarme en estos recuerdos que me angustiaban, tenía la sensación de que recordándolos, ahora, en el momento de mi partida… inclinándome ante ellos, mirando con amor a las personas involucradas en todas estas vivencias , por encima de mi atormentado estado, hacia algo por ellos y por mí.
Transcurrieron 40 días exactos desde que tuve la certeza que moriría hasta que el hecho se consumó. Era estudiante en una Escuela del Alma: durante muchos años había recibido enseñanza directa de un Instructor. Así, pues, había sido instruida, con precisión, sobre la muerte y lo que esta implicaba. Recordaba constantemente, una frase que durante una clase de ´Inmortalidad Consciente´, nuestro Instructor nos dijo:
“Si al morir, el individuo mantiene en su corazón la experiencia de Amor, llega directamente a los mundos superiores, se evita las pruebas y experiencias de los mundos intermedios”.
Por eso, me dediqué intensamente a mantener encendida la llama en el corazón, pues aunque había conseguido cierto nivel: la tan cercana presencia de la muerte, me ponía a prueba de forma continuada.

Continúa…

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