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Un Problema de Identificación

 

oldcar

 

     La identificación de nuestra conciencia con su vehículo de carne, sangre y huesos hace de la muerte, a nuestros ojos, un hecho de terror y angustia. Al dejar de “Identificar” la consciencia con la forma transitoria y centrarla en el “Yo” real (en Cábala, hablamos de Ruaj, es decir, el triángulo formado por las esferas de Geburah, Tipheret y Hesed en el Arbol de la Vida) provoca que “la muerte deje de ser una realidad.”. El Gran error que tenemos en la expresión de nuestra vida como individuos normales, es el error de habernos identificado totalmente con nuestro cuerpo físico. Estamos demasiado identificados con el organismo, hasta tal punto, que creemos que somos el cuerpo físico.

    Aunque intelectualmente podamos negarlo, la verdad es que sustentamos esa creencia. Entonces, el hecho de que nuestro cuerpo físico perezca algún día, nos angustia muchísimo, aunque no sea de manera muy consciente. La creencia queda escondida detrás del umbral de nuestra consciencia objetiva y nos resistimos a pensar en la angustia que nos pueda llegar a producir la destrucción de nuestro cuerpo físico.

    Todo se reduce a un mero problema de identificación. Nos hemos identificado demasiado con una «vestimenta». Es como si, por dar un ejemplo, nos identificáramos con nuestros zapatos. Se van estropeando… ¿cuánto tiempo nos durarán? Un año, medio año, dos años. Y luego, cuando hemos de tirarlos a la basura, nos costara un poco deshacernos de ellos. De todas formas, en ocasiones, esto ocurre realmente. Nos podemos identificar con una prenda de vestir y sabernos mal deshacernos de ella, tanto como si nos estuvieran arrancando una parte de nosotros mismos. Eso les ocurre mucho a los conductores con sus coches. Se identifican tanto con el coche, que el objeto pasa, imaginariamente, a formar parte de “su cuerpo de expresión”. Y si les rayan el coche… ¡Cómo se enfadan! … “Si me rayan el coche, me duele como si me rayaran a mí…”.

    Dice Ramana Maharshi: “La consciencia, con la forma transitoria centrada en el Yo real, provoca que la muerte deje de ser una realidad”

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