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Los Tres Pilares y El Cordón de Plata

. ¿Cómo es la vida en el ser humano? En realidad estamos preguntando qué es un ser humano. Y cuando realizamos esta pregunta, necesitamos adentrarnos en las ontologías que nos explican, desde la noche de los tiempos y a través de diferentes tradiciones, como es la constitución del ser humano. En este blog utilizamos explicaciones que están muy arraigadas en nuestra tradición judeo-cristiana, principalmente dentro de las características de la Qabalah. Sin embargo, una ontología oriental, por ejemplo, basada en el budismo esotérico o tibetano, describirá la composición de los diferentes estratos de un humano en forma coincidente con la nuestra, lo único que cambiaría sería la terminología. Todas las verdaderas tradiciones coinciden en la descripción de aquello que es un ser humano. En base a nuestra Tradición, podemos decir que todo ser humano está vivo a través de tres grandes expresiones que son los tres pilares de su constitución: la Consciencia, la Vida y la Materia. La Consciencia y la Vida se expresan en algo, en materia, en substancia, en un contorno, en un límite y esto produce movimiento dentro de esa limitación. Una limitación que está dentro del espacio y del tiempo. Donde hay movimiento, hay vida. Todo aquello que observamos en la creación tiene movimiento de una o de otra índole, por lo cual, todo lo que vemos está vivo. Podemos decir que la Consciencia “está dormida” en un estadio tan sencillo de la creación como es el estadio mineral. Luego está soñando, dice la Tradición, en el mundo de las plantas. Despierta en el mundo animal y en el Reino Humano, ya más allá de ese despertar, se dice que estamos recobrando la Consciencia, conociendo quiénes somos realmente. Esos tres pilares que mencionamos conforman un rasgo, un fenómeno, una característica que exotéricamente ya se ha descrito en muchas obras: “el cordón de plata”. Un vínculo entre lo superior, que es el origen, lo inmortal en un ser humano y su expresión en lo...

La Muerte No Existe

Aquello que somos realmente, es Divino e inmortal. Aquello que es capaz de morir (entiéndase “Cambiar”) es la personalidad transitoria. Según el árbol de la Vida cabalístico, “la personalidad” está compuesta por los Sephiroth (Esferas o cuerpos) numerados con el número 10, el 9, el 8, y el 7. Uno de los grandes problemas o de las grandes dificultades que tiene el ser humano para entender el concepto de “constante cambio” o de “cambio final denominado Muerte”  se debe a que no sabe muy bien en qué consiste. No sabe cómo está formado el Ser Humano, cómo está compuesto, cuáles son las facetas de su ser. Existe una falsa identificación con la personalidad transitoria. La Cábala provee un sistema muy bien definido que permite descubrir la constitución del Ser Humano tal como realmente es. La expresión más importante de este sistema es el diagrama del Árbol de la Vida. En este esquema,  las esferas están numeradas de la 1 a la 10. La más alta es la 1, la más baja la 10 y entre todas, se puede explicar el funcionamiento integral de un Ser Humano. La esfera número diez, la más baja, representa el cuerpo físico. Así, podemos apreciar que un ser humano es mucho más que un cuerpo físico… es este, más otras nueve esferas. En hebreo, las esferas se llaman sefirá, en plural sefirot. También las podemos llamar “cuerpos”, “planos”, “vehículos” y el conocimiento esotérico de todas las tradiciones verdaderas coinciden en esto aunque utilicen otro lenguaje y otros diagramas. El ser humano está compuesto por un número definido de sefirot. Aquello que un ser humano es realmente, lo consideramos “Divino e Inmortal”. Ser “Divino e Inmortal” significa que estamos formados por un nivel que no pasa por esa experiencia que denominamos “la muerte”, tal como nosotros la estamos viendo y experimentando en el plano...

Los Maestros también mueren…

El proceso de la muerte debe entenderse como una Ley de Constante Cambio y Transformación. Todo cambia, todo se transforma, nada es estático, nada es permanente. Todo el mundo muere, hasta los Maestros. Incluso aquellos grandes Maestros que, según la Tradición,  podrían conservar su cuerpo físico mucho más allá de los límites normales. Incluso ellos se dejan en las manos de esa Ley Universal y aceptan vivir la experiencia de la muerte. Y así tenemos multitud de casos. El propio Buda,  a la edad de 80 años y después de 45 años de enseñanza, entró en un profundo trance y murió plácidamente. Uno de los Maestros más grandes que han existido sobre la faz de la tierra,  una de las más grandes Consciencias que son la gloria de nuestro Universo, incluso él, se sometió a la Ley de la Desencarnación. Y Moisés. El padre de la Kabbalah. Murió a los 120 años. Al menos eso se dice en Deuteronomio 34: 5- 6, en la Biblia. El relato cuenta que cuando se despidió de todos, estaba muy vital. Poseía la visión aguda de un hombre joven.  Y en nuestros días, otros Maestros encarnados como Sai Baba, Ramsurat Kumar  o Paramahansa Yogananda han pasado también por la experiencia de la muerte. Y todos ellos, la han vivido como una experiencia natural, sin ningún temor, en total plenitud. Si lo deseamos, ese podría ser nuestro camino.    ...