Dice Alexandra David-Néel

  «Sólo siento indiferencia ante lo que pueda ocurrir, ya sean dificultades, sufrimiento, vida y muerte. En realidad, caemos en la inquietud y el temor porque nos importa demasiado nuestra vida y nuestro confort. Pues, la sabiduría consiste en no permitir que me invada la agitación. Si el final está cerca, no tiene la menor importancia».   Louise Eugénie Alexandrine Marie David, conocida por su pseudónimo Alexandra David-Néel, ha sido orientalista, escritora y exploradora nata, viajó por la vida en cualquiera de sus dimensiones, incluida la geografía del planeta. Fue fotógrafa, compositora, budista y conferenciante, entre otros oficios que nunca dejaron de ser vertientes diferentes de su principal objetivo: la exploración, la búsqueda. Nació el 24.10. 1868 en Paris y a los 25 años había viajado ya a la India y a Túnez. Se casa en 1904 con el ingeniero Phillippe Néel, pero no cesa de viajar por el mundo para encontrar respuestas al sentido de la vida, manteniendo contacto amical con él hasta su muerte. En 1912 se convierte en la primera mujer occidental en ser recibida por el Dalaí Lama en Kalimpong (Bengala / India) y en 1924 llegó a visitar Lhasa, la capital prohibida del Tíbet, caminando y disfrazada de mendiga tibetana. Vive durante años en el Monasterio de Kumbum (cerca de Mongolía), los monjes la consideran una hermana y la llaman ”lámpara de sabiduría”. En 1914 conoce al joven tibetano Yongden, que enseguida reconoce en ella a su maestra y quiere acompañarla en sus expediciones. Alexandra lo contrata a su servicio y lo adopta años más tarde y ya nunca más se separaría de ella, siendo su porteador, cocinero, secretario y, finalmente, colaborador en las traducciones de los libros sagrados tibetanos. Durante todos estos años, Alexandra estudia (entre otro) la doctrina de la inmortalidad por excelencia: el Taoísmo “Nuestro mundo no es sino una forma, una fase de la  «Existencia en Sí» – el Tao – que ninguna palabra puede describir, que ningún pensamiento puede alcanzar. El comienzo de nuestro mundo se sitúa en el caos de donde emerge y donde todo se reintegra. En el caos existen energías latentes o respiraciones (alientos) que pasaron de un estado sutil a un estado cada vez más material. De estos alientos inferiores está hecho el ser humano. Al encarnarse, el aliento puro (sutil) se combina con los elementos toscos que constituyen la sustancia material del cuerpo. La separación de este aliento superior de la materia tosca lo llamamos «muerte», pero la energía sutil persiste.” Al final, Alexandra y Yongden se instalan en Digne-les-Bains. Yongden muere en 1955,...